“¡No dejen a ningún anarquista vivo!” - La huelga obrera en Jacinto Arauz

    El 9 de diciembre de 1921 en Jacinto Arauz hubo un gran conflicto armado entre la policía y los bolseros, debido a desacuerdos entre los trabajadores, las firmas cerealistas y las autoridades ferroviarias. Jacinto Arauz es un pueblo ubicado en el sureste de la provincia de La Pampa. Se fijó el 06 de abril de 1889 como su fecha inaugural teniendo en cuenta el momento en el que se radicaron definitivamente los primeros pobladores y se construyeron las primeras viviendas.

    Según un Censo Municipal de aquella época habitaban en esta localidad alrededor de 1.700 habitantes. En su mayoría eran de nacionalidad argentina (71,10%) pero también los había de nacionalidad española (9,88%), uruguaya (8,53%), italiana (4,76%), libanesa (2,18%), rusa (1%), francesa (0,95%), etc. Y esto no es casual, ya que la política económica de fines del siglo XIX y principios del siglo XX se basó en la atracción y recepción de inmigrantes. Es por ello que el 6 de octubre de 1876 se sancionó en Argentina la Ley Nº 817 o “Ley de Inmigración y Colonización” que favoreció la entrada de millones de extranjeros al país. Y como era de esperarse, ellos traían consigo sus ideas, que en nuestro país resultaron novedosas en principio y luego, poco a poco, fueron cautivando a una basta cantidad de argentinos. Así la ideología anarquista y socialista fueron unas de las más difundidas en aquella época.

    En general en Argentina el porcentaje más alto de inmigrantes provenía de Italia y de España. En el caso del movimiento anarquista en nuestro país fue influenciado por la inmigración italiana. En este sentido el pensamiento de Errico Malatesta y Pietro Gori fueron cruciales. Ambos pensadores residieron varios años en el país. 

    En 1902 se promulgó la Ley Nº 4.144 o “Ley de Residencia de Extranjeros” que autorizaba al Poder Ejecutivo a impedir la entrada y a expulsar extranjeros cuya conducta comprometiera la seguridad nacional o perturbara el orden público. Sin embargo, tiempo después, se comprobó que las ideas disolventes del orden público no eran exclusivas de los extranjeros sino que también estaban presentes en algunos habitantes argentinos. Y es por eso que en 1910 se sancionó una legislación complementaria, la Ley 7029 o “Ley de Defensa Social”. Esta Ley Nacional, afirmaba en su artículo 7º “Queda prohibida toda asociación o reunión de personas que tenga por objeto la propagación de las doctrinas anarquistas o la preparación o instigación a cometer hechos reprimidos por las leyes de la Nación” (Etchenique, 1999)

    Con el amparo de estas leyes, la policía comenzó a actuar para detener el avance de las llamadas “ideas extranjerizantes”. “Ambas leyes habilitaban al Estado y a la policía a encarcelar activistas obreros y establecían sobre las nacientes organizaciones sindicales una permanente amenaza.” (Gómez y Salvarredi, 2020)

    Además, no podemos evitar mencionar a Manuel Carlés y su Liga Patriótica, que comenzó a intervenir en 1919. Carlés se encargó de oponer la bandera argentina contra el “trapo rojo”, el patriotismo contra el anarquismo y el nacionalismo contra lo extranjerizante. Carlés constituyó “las brigadas de la Liga Patriótica integrada por patrones, propietarios, pequeños propietarios y los hijos y familiares de todos ellos (...) también organizó a los 'obreros buenos'. Fue el primero en aconsejarles 'de casa al trabajo y del trabajo a casa'". (Bayer, 1986) Estos “obreros buenos” serán los que intentarán reemplazar a los huelguistas durante los días previos al enfrentamiento en Jacinto Arauz. 

    Considerando el ingreso al país y el rápido avance de las ideas anarquistas y socialistas y los mecanismos impuestos por el Estado para detenerlo, ya podemos comenzar a imaginar el contexto político y social del hecho histórico en cuestión.

El anarquismo

    Como se expuso anteriormente, el anarquismo y el socialismo ingresaron al país con la llegada de los inmigrantes. Entre tantas otras cosas podemos decir que el anarquismo 

predicaba la acción directa, la negación de un Estado -reservado a los hijos del país en cargos electivos y basado en el fraude y el caudillismo parroquial- y la defensa de sus intereses en lucha directa contra el patrón con las tres armas clásicas: la huelga, el sabotaje y el boicot. (Bayer, 1986)

    Y es así que, a principios del siglo XX y durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), las huelgas fueron cobrando cada vez más importancia en la lucha de los obreros por las mejoras en sus condiciones laborales. 

En casos extremos, cuando el mercado de trabajo rural estaba saturado, pedían por pan y por trabajo; en condiciones normales de empleo pedían mejores salarios, buenas condiciones de trabajo y reducción de la jornada laboral. A estos reclamos podían sumarse otros que intentaban mejorar las condiciones de vida de los obreros, tales como el establecimiento de precios máximos de artículos de primera necesidad, indemnización y seguros por accidente de trabajo, entre otros. (Gómez y Salvarredi, 2020)

    Los grupos con ideologías de izquierda tuvieron varias maneras de intervenir con el afán de obtener mejoras en las condiciones laborales de los obreros de todo el país: organización de federaciones, sindicatos, centros obreros, bibliotecas populares, comités de prensa y comités “Pro Presos Políticos”; participación directa en huelgas, boicots, quema de parvas, maquinaria y alambrados; enfrentamientos con los patrones y la policía. 

    En este sentido, la central sindical más reconocida de esta época por su papel en la lucha por las mejoras en las condiciones de vida y en las condiciones laborales de los distintos sectores obreros fue la Federación Obrera Regional Argentina. La F.O.R.A. fue fundada en 1901 por inmigrantes anarquistas de origen español e italiano. Específicamente, la F.O.R.A. del V Congreso fue la más involucrada en la lucha por la mejora de salarios y condiciones de trabajo. 

    Además, la central obrera anarquista había logrado la formación de sociedades de oficios varios en casi todos los pueblos. Si los pueblos tenían estación de ferrocarril, en él se juntaban tres organizaciones obreras anarquistas: 

la de conductores de carros, la de oficios varios (en la que entraban los peones de la cosecha) y la de estibadores, es decir, los que hombreaban las bolsas de los carros al depósito de la estación y de la estación a los vagones. (Bayer, 1986).

    Si bien las tres organizaciones pertenecían a la F.O.R.A., gozaban de amplia autonomía y libertad interna. Una cualidad puramente anarquista el ser tan estrictos con la libertad, la democracia y el no aceptar imposiciones de ningún tipo. 

    Y si hablamos de anarquismo, no podemos evitar hablar del linyera. Éste fue un famoso personaje del campo argentino que se caracterizó principalmente por viajar en los vagones de los trenes de carga sin un rumbo establecido. Sólo llevaban consigo un atado con ropa denominado “linghera” o “mono” sobre su hombro y la “bagayera” que era una bolsa más pequeña en la que llevaban otros elementos de utilidad como ollas, pavas, platos, cubiertos, etc. 

Era frecuente ver algún linyera guarecido al reparo del embarcadero o de las estibas de bolsas, esperando que llegara alguna tropa. Generalmente el dueño de la misma lo ocupaba para que le ayude a cargarla y de esta manera se ganaba su jornal. (Long, 2016)

    En esta zona, la idea anarquista ingresó de la mano de estos vagabundos políticos, ya que por medio de ellos se intercambiaban entre una provincia y otra, libros, diarios, panfletos y folletos anarquistas.


La huelga obrera en Jacinto Arauz

    Como ya se mencionó anteriormente, el 9 de diciembre de 1921 en Jacinto Arauz hubo un gran conflicto armado entre la policía y los bolseros, debido a desacuerdos entre los trabajadores, las firmas cerealistas y las autoridades ferroviarias. Vale aclarar que previamente a este hecho, hubo otras manifestaciones obreras en la Provincia de La Pampa: Macachín (1910), General Pico (1915), Conhelo (1917), Guatraché (1917) y Alpachiri (1920). Pese a estos antecedentes anarquistas en nuestra provincia, el hecho ocurrido en Jacinto Arauz tuvo sus particularidades. Osvaldo Bayer se refería a estos hechos como una cita insustituible para quien quiera historiar las luchas y la vida de los trabajadores de la tierra en nuestro país.

    En este hecho se conjugaron varios factores sociales que caracterizaron a esta época: la duras condiciones de trabajo; la vida de campo; el grado de educación gremial de los peones; la influencia de las ideas anarquistas en la lucha por mejores condiciones laborales; los medios de represión gubernamentales; los cuerpos paralelos de represión de extrema derecha que toleraba el gobierno de Yrigoyen -el presidente de nuestro país en ese entonces- haciendo la “vista gorda” ante hechos de violencia, etc. (Bayer, 1986)

    Ese mismo año en Jacinto Arauz se estaba cosechando en el campo normalmente. Las condiciones de trabajo, tanto en el campo como en el pueblo, eran duras. Las bolsas de cereal —en su mayoría de trigo— eran traídas con carros o chatas tiradas por caballos desde los campos hasta los galpones ubicados en la estación del ferrocarril. Una vez que llegaban las bolsas a los galpones, comenzaba el trabajo de los bolseros. Los “pulseadores” bajaban la bolsa de los carros o chatas y las colocaban sobre el lomo de los “hombreadores”. Estos últimos transportaban las bolsas trotando hacia el interior de los galpones recorriendo una distancia de 30 metros. Una vez allí se la alcanzaban a los estibadores quienes eran los encargados de apilar las bolsas en los galpones, formando estibas con una altura de 26 o 28 bolsas. Para subir utilizaban una escalera de madera denominada “burro”. Un dato no menor es que cada bolsa pesaba 80 kilos. La tarea terminaba al grito de “pare y largue”. Los bolseros también debían trasladar las bolsas de cereal desde las estibas hasta los vagones del ferrocarril. Para ello subían por un tablón inclinado de unos 30 cm de ancho que se enganchaba en la puerta del vagón.

    Entre los obreros del país había diferencias ideológicas y eso se veía reflejado en el hecho de estar o no asociado a la F.O.R.A. Los denominados bolseros federados eran los que estaban asociados a la F.O.R.A. y los bolseros libres o también llamados "carneros" o "esquiroles" eran los obreros no asociados.

    En el momento de desatarse el conflicto, operaban en la estación ferroviaria de Jacinto Arauz dos cuadrillas de 40 hombres cada una. En su mayoría eran todos obreros federados.

    En aquel tiempo las condiciones de trabajo eran impuestas por la casa cerealista, el jefe de estación y el capataz. Este último era el encargado del pago en efectivo de los jornales y lo hacía los días domingo.

    La F.O.R.A. presentó un pliego de condiciones a los cerealistas que establecía que el peso de las bolsas sería de sólo 70 kilos; los horarios de trabajo serían de ocho horas diarias (cuatro y cuatro); no se permitiría la consumición de bebidas alcohólicas ni el uso de armas en los lugares de trabajo; la corrida de vagones, el tapado de chatas, el movimiento de “burro” y el movimiento de balanza eran considerados trabajos extras por lo que se debían cobrar extra; y el trabajo no sería al trote sino al paso normal de hombre. Además de las condiciones mencionadas anteriormente, los estibadores de Jacinto Arauz habían logrado la eliminación de los capataces. La organización gremial se hacía responsable por intermedio del delegado de semana de que se hiciera el trabajo que solía hacer el capataz.

    Sin embargo, pese a estar este contrato en vigencia, se hizo presente en Jacinto Arauz un hombre llamado Arturo Félix Cataldi quien se apersonó en el galpón del ferrocarril y preguntó por el encargado de la semana, que era Ramón Machado. Al verlo, le informó que él era el nuevo capataz de esa estación, y que si no querían trabajar con él traería otra cuadrilla. Machado le aconsejó que se fuera del pueblo y Cataldi lo hizo. 

    Pero el 8 de diciembre llegó a Jacinto Arauz un grupo de alrededor de catorce obreros “libres” provenientes de Coronel Pringles. Ese día los obreros federados trabajaron normalmente, pero al anochecer, cuando el delegado Machado fue a entregar las llaves del galpón al jefe de la estación, éste le informó que al día siguiente se haría cargo de estos galpones la nueva cuadrilla. De inmediato Machado informó a los bolseros de Jacinto Arauz y convocó a los de las localidades vecinas de Bernasconi y Villa Alba (actualmente General San Martín). Esto significó para los trabajadores una violación al pacto mencionado anteriormente.

    El 9 de diciembre a las dos de la mañana comenzó la asamblea de la Sociedad de Resistencia en la que todos los presentes estuvieron de acuerdo en defender su lugar de trabajo. Entonces, decidieron tomar uno de los galpones. Cuando en la madrugada llegó Cataldi no lo dejaron entrar. Varios de los presentes llegaron a mostrar sus armas y la policía tuvo que intervenir para evitar que se inicie un tiroteo. 

    Mientras tanto y a la espera de una solución, los obreros se reunieron en el boliche de Bernardo Amor llamado “Amor y Diez” situado, hasta el día de hoy, en frente a los galpones. Allí compartieron un asado con el Oficial Eduardo Merino.

 Ex Bar "Amor y Diez"

    El día 9 de diciembre, a las ocho de la mañana ingresaron al bar varios policías. El oficial Américo Dozo les comunicó a los obreros que debían acompañarlo a la comisaría por disposición del comisario Pedro Basualdo. 

Ante este mensaje, hubo distintas reacciones: el santiagueño Carmen Quinteros propuso que fueran tres delegados, pero el oficial Dozo insistía con que debían ir todos y desarmados; el cubano Miguel Oyarzún, de la localidad de Villa Alba expresó que sería mejor cumplir con lo pedido porque de lo contrario serían acusados de desacato a la autoridad. (Lostuzzi, Roth y Seijas, 2001)

    Finalmente aceptaron ir todos a la comisaría pero con la condición de no hacerlo en calidad de detenidos, sino acompañando al oficial voluntariamente. Así lo hicieron, aunque de cerca los escoltaban varios vigilantes. 

    Al llegar a la comisaría, el grupo de obreros fue rodeado por seis agentes armados en el centro del patio. En ese momento, el Oficial Dozo se dirigió a buscar al comisario Basualdo y además volvió con armas. Le pidió a Machado que pase, lo que no resultó extraño ya que él era el delegado de la semana. Pero esa tranquilidad duró pocos minutos. El Oficial Dozo regresó al patio y le pidió a Guillermo Prieto que ingrese. 


Espacio en el que se encontraba la comisaría en 1921

    Jorge Etchenique expone diversas versiones existentes acerca de este momento particular del hecho. Se debate entre la posibilidad de que uno de los obreros haya gritado “Abajo la policía”, “Compañeros, dan la biaba” o “Compañeros, nos desarman”.

    La primera nota de José Front (Secretario de Redacción de La Autonomía de Santa Rosa) titulada “La policía víctima de los elementos ácratas”, daba cuenta de que la intención del comisario Pedro G. Basualdo en todo momento fue llegar a un acuerdo de manera pacífica con los obreros. La versión oficial difundida por La Autonomía, decía que el comisario hizo entrar al patio de la comisaría a todos los obreros con el propósito de que entregaran sus armas y luego los hizo pasar de a uno a su despacho.

El comisario “los invitó en forma correcta a dejar cuanta arma llevaban”, cuya devolución se haría tras registrar su numeración y el nombre de cada dueño. El primero en pasar fue el delegado Machado y el segundo fue Guillermo Prieto, quien salió protestando. El tercero, Jacinto Vinelli -secretario de la Sociedad de Arauz- se negó a entrar apoyado por sus compañeros y en ese momento alguien gritó “Abajo la policía”, que fue la “señal de ataque” para comenzar los disparos. (Etchenique, 1999)

    He aquí el primero de los gritos puestos en discusión. Según esta versión, los obreros habían asistido a la comisaría con la intención de atacar a la policía. 

    Una segunda versión expuesta por Osvaldo Bayer, afirma que el Oficial Dozo intentó desarmar a los obreros pero no lo logró. Una vez en el patio, el primero en ser invitado a pasar fue Machado quien recibió varios golpes. El segundo en pasar fue Guillermo Prieto que al ver lo que estaba sucediendo gritó: “¡Compañeros, dan la biaba!” antes de desaparecer para recibir su paliza.

    Hay una tercera posibilidad de acuerdo con lo transmitido por el mismo Pedro G. Basualdo a su sobrino. Según él, el tercer obrero en ingresar, retrocedió y gritó: “Compañeros, nos desarman”. Varios testimonios de vecinos de la localidad avalan esta última posición.

    Volviendo al relato del hecho, luego del grito de uno de los bolseros, cuando llamaron a otro obrero, nadie se movió. Carmen Quinteros exigía la presencia del comisario para que les diera una explicación. “En ese momento apareció el comisario Basualdo por un molinete; llevaba un winchester con el que apuntó a Carmen Quinteros mientras gritaba:

    - ¡Ahora vas a ver! ¡Agentes, métanles bala, no dejen a ningún anarquista vivo!” (Bayer, 1986)

    El Comisario Basualdo, de un certero balazo, asesinó a Quinteros que cayó al piso desangrándose. “¡A tiros no, Basualdo! se oyó gritar todavía a Jacinto Vinelli, secretario de la Sociedad de Resistencia de Estibadores.” (Bayer, 1986)

    Y aunque los policías les habían ganado de mano, los bolseros sacaron sus armas de fuego y comenzó el tiroteo que duró alrededor de veinte minutos. “Diez minutos más y los anarquistas tomaban la comisaría y hacían presos a los representantes del orden” (Bayer, 1986) Pero a los obreros se les acabaron las balas y no tuvieron otra opción que dejar el lugar. Algunos de ellos detuvieron dos autos que pasaban por el camino y lograron desaparecer y otros huyeron hacia los montes cercanos.

El patio de la comisaría presentaba un espectáculo escalofriante: los estibadores habían tenido una baja: Carmen Quinteros. La policía dos muertos: el oficial Dozo y el agente Freitas. Pero de ambos lados muchos heridos graves (de ellos moriría poco después otro oficial, Eduardo Merino y otro agente, Esteban Mansilla, y el estibador Ramón Llabrés, que había venido de la localidad de Villa Alba a dar su solidaridad a los hombres de Jacinto Arauz). En total, cuatro policías y dos anarquistas muertos. (Bayer, 1986)

    Luego del enfrentamiento, el comisario Pedro G. Basualdo envió varios telegramas y pedía ayuda en estos términos:

    Viernes 9 de Diciembre de 1921

    Hoy a las 10, un grupo de peones estibadores detenidos en ese momento a raíz de un desorden en la estación con otros peones, al pretender el suscripto desarmarlos, se desacataron disparando sus armas contra esta policía. La agresión fue repelida por nosotros, resultando el suscripto herido en la cabeza. Fallecidos dos agentes y el oficial Dozo y herido el Oficial Merino y otro de los desacatados. Solicito refuerzos. Los desacatados huyen. Envíen personal para perseguirlos. Basualdo - Comisario.

    Fue así que para la búsqueda y captura de los anarquistas llegaron refuerzos de Villa Iris, Puán, Bernasconi, Darregueira y Guatraché. 

    Durante los días posteriores al enfrentamiento fueron detenidos los bolseros: Luis Dojar (árabe de 27 años); José Estua (español de 33 años); Alfonso Las Heras (español de 32 años); José María Martínez (español de 26 años); Benigno Mallabia (español de 27 años); José Muñoz (argentino de 27 años); Manuel Oyarzún (cubano de 31 años); Guillermo Prieto (argentino de 22 años); Gabriel Puiservel (español de 36 años); Exequiel Roldán (uruguayo de 30 años); Francisco Real (español de 29 años); Teodoro Suarez (español de 24 años); Francisco Uballe (argentino de 28 años) y Blas García (español de 25 años).

    El periódico Germinal relató los momentos que vivieron los obreros una vez llevados presos a la comisaría de Jacinto Arauz:

Les fueron atadas las manos con alambres de fardo y objetos de tortura verdaderamente inquisitoriales. Todos ellos fueron apaleados bárbaramente. A algunos se les cortó el pelo con machetes y luego se les derramó orín en la cabeza. A otros se les cortaron las yemas de los dedos.

    En el libro de Osvaldo Bayer se expone el relato de Zoila Fernández, quien tenía tres hijos y era compañera de Jacinto Vinelli (secretario de la Sociedad de Resistencia de Jacinto Arauz). Él había logrado huir luego del enfrentamiento y por eso la policía fue a buscar a Zoila intentando que dijera en dónde podían encontrar a su compañero. Ella, entre otras cosas, relata cómo fue sacada de manera violenta de su casa para ser conducida hasta la comisaría sin su hijo, que apenas tenía cuarenta días de vida. Una vez que llegaron a la comisaría cuenta:

Allí contemplé el cuadro más horrible. Los charcos de sangre causaban una dolorosa sensación. Los heridos respiraban con dificultad y de vez en cuando hacían oir un quejido entrecortado. Cuando por la tarde los policías se habían repuesto del susto, me llevaron a la oficina, donde después de dirigírseme toda clase de improperios me tomaron por la nuca y me llevaron hasta el patio para hacerme limpiar con la cara los charcos de sangre. (Bayer, 1986)

    Pocos días después y luego de recibir una “paliza de despedida”, los detenidos fueron trasladados a Santa Rosa, bajo la custodia del sargento Zárate, quien dijo a sus subordinados “estos son ahora mis presos, mucho cuidado con tocarlos, que a la postre vaya a saber si son culpables” (Bayer, 1986) y a los presos les comunicó “ustedes no traten de crear dificultades; mientras estén bajo mi custodia nadie los va a tocar, se los garante el sargento Zárate” (Bayer, 1986).

    Al llegar a Santa Rosa, los estaba esperando un grupo de personas pertenecientes a la Liga Patriótica. En Santa Rosa había gran indignación debido a la muerte del oficial Dozo quien pertenecía a una querida familia de allí. Al sargento Zárate le fue muy difícil evitar que a los presos los lincharan. Pero lo logró.

    El Juez fue Raúl Perazzo Naón y los defensores fueron los abogados Enrique Corona Martinez y Pedro Pico. Enrique Corona Martínez vino a Jacinto Arauz haciéndose pasar por corredor de comercio y así investigar de cerca el hecho. Él demostró que al comisario Basualdo se le había entregado una suma de dinero para que colabore con la eliminación de la Sociedad de Resistencia. Sin embargo, estas pruebas no fueron tenidas en cuenta. Es más, Pedro G. Basualdo fue ascendido en su cargo. En 1923 ocupaba el cargo de jefe de Policía en la ciudad de Santa Rosa y fue gobernador de la provincia de La Pampa en dos oportunidades.

    Ni bien se supo lo ocurrido en Buenos Aires, la F.O.RA. hizo un llamado a la solidaridad y los obreros ladrilleros sacaron 600 nacionales de su caja con la intención de ayudar a los presos de Jacinto Arauz y para dar protección a los prófugos.

    La F.O.R.A. dio a conocer un comunicado titulado “La barbarie policial en La Pampa”, que concluía diciendo “La ofensa inferida a los trabajadores de Jacinto Arauz es la ofensa inferida a todos los trabajadores de la FORA. Recojamos el guante”. (Bayer, 1986)

    Al delegado Machado y al secretario Vinelli jamás pudieron capturarlos. “El primero desapareció y nunca más se supo nada de su vida. Jacinto Vinelli siguió prófugo durante casi ocho años, dedicándose en esos años al anarquismo expropiador. (Bayer, 1986)

    Para los demás bolseros, las penas fueron entre unos meses y tres años. A tres años de prisión fueron condenados: Teodoro Suárez; Manuel Oyarzún; José María Martínez; Alfonso de Las Heras; Gabriel Puigserver y Abelardo Otero (quien debió cumplir un año más debido a otro hecho huelguístico en el que había participado). Pasaron parte de su condena en la cárcel de Santa Rosa y el resto en la cárcel de General Acha.

    El juicio se realizó casi tres años más tarde pero la sentencia desapareció durante los años de la última dictadura militar. La sentencia fue publicada en el periódico Germinal el 1º de marzo de 1925. De allí puede extraerse que todos los policías fueron absueltos, ya que se consideraba que habían “obrado dentro de su misión de orden o repeliendo un ataque” (Lostuzzi, Roth y Seijas, 2001), es decir, que actuaron de acuerdo con lo propuesto por la Ley 7.029 o “Ley de Orden Social” que en su artículo 7° establecía "queda prohibida toda asociación o reunión de personas que tenga por objeto la propagación de las doctrinas anarquistas o la preparación o instigación a cometer hechos reprimidos por las leyes de la Nación".

    

    El enfrentamiento ocurrido el 9 de diciembre de 1921 en Jacinto Arauz tuvo algunas consecuencias: el día 10 de enero de 1922 fue prohibida en toda la Provincia de La Pampa la portación de armas de fuego y además, comenzó a ser necesario presentar un certificado de buena conducta expedido por la Policía para poder conseguir un empleo. 

    En la actualidad existen en Jacinto Arauz dos monumentos que homenajean a los actores sociales involucrados en este hecho histórico. Uno de ellos es un mausoleo ubicado en el cementerio municipal que guarda los restos de los oficiales Dozo y Merino y de los agentes Freites y Mansilla. Fue construido poco después del conflicto armado. Una de sus placas tiene la siguiente inscripción: “¡Dozo- Merino-Freites-Mansilla! En defensa de la justicia de los hombres rendisteis gloriosamente vuestras vidas. 9-Diciembre-1921”. 





    El otro monumento está ubicado junto a la estación del ferrocarril, cerca de los galpones. Se trata de una réplica del “burro” (la escalera que utilizaban los bolseros para armar las estibas). Esta construcción tiene una placa con la siguiente inscripción: “El pueblo de Jacinto Arauz. En homenaje a los bolseros a 90 años del trágico episodio del 9 de Diciembre de 1921. 09-12-2011”.


    

    Las fechas de construcción de los monumentos dejan en evidencia el lugar que, durante muchos años, ocuparon estos actores sociales en la memoria colectiva de Jacinto Arauz. Recién 90 años después del conflicto armado la sociedad araucense logró homenajear a los bolseros. Y esto tiene que ver con que durante años el tratamiento de este tema se ha simplificado en una cuestión de “víctimas y victimarios”. En un principio las víctimas del hecho fueron los policías quienes, según varios periódicos de la época, habían actuado con valentía y coraje para detener el avance de las ideas extranjerizantes. Y posteriormente las víctimas pasaron a ser los bolseros. 

    En este caso, intentamos comprender el accionar de ambas partes, entendiendo que cada una de ellas actuó de acuerdo con sus convicciones. En el caso de los policías, había un gobierno que mediante una serie de leyes les estaba exigiendo tomar represalias sobre aquellas personas que posean ideas que constituyan una amenaza para el orden establecido de nuestro país. Y en el caso de los obreros, había una fuerte convicción, proveniente de la ideología anarquista, que los hacía desear mejoras en sus condiciones laborales, sin importarles la manera de lograrlo.

    En este sentido, evidente era el odio de los anarquistas hacia todo lo que vistiera uniforme, es decir, hacia todo lo que representara autoridad. 

Y, debemos reconocer, que en algo les cabía la razón porque fue culpa de todos los gobiernos en este país el usar a la policía en la represión de las ideas. Al mismo policía que ordenaba el tránsito o ayudaba a un accidentado se lo usó para allanar un sindicato o apresar a un intelectual o reprimir una manifestación política. (Bayer, 1986)



Referencias bibliográficas

    Asquini, N.; Cazenave, H. y Etchenique, J. (1999) Conflictos Sociales en La Pampa (1910- 921). Santa Rosa, Provincia de La Pampa, Argentina. Fondo Editorial Pampeano.


    Bayer, O. (1986) Los anarquistas expropiadores. Buenos Aires, Argentina. Editorial Legasa.


    Berhongaray, A. (2000) La pampa y su lucha por la autonomía. Buenos Aires, Argentina. Cosmos Offset S.R.L.


    Falcón R. (2000) Nueva Historia Argentina. Democracia, conflicto social y renovación de ideas (1916-1930). Buenos Aires. Editorial Sudamericana.


    Gómez, M. y Salvarredi F. (2020) “La Liga Patriótica en el territorio pampeano. Notas sobre el accionar y el discurso represivos contra la clase trabajadora (1919-1922)”. Estudios Sociales del Estado.


    Long, N. (2016) Nuestras raíces: Jacinto Arauz y sus colonias. Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Imprenta Aguado.


    Lostuzzi, R.; Roth, C. y Seijas, F. (2001) Trabajo de investigación "Los días rojos de La Pampa"

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